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Filosofía de café

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“Todo exceso se funda en un placer que el hombre quiere repetir más allá de las leyes ordinarias promulgadas por la naturaleza”: ahí donde hubo un adicto después suele aparecer un converso. Maestro indiscutible de la novela realista y autor de La comedia humana, el pensador francés Honoré de Balzac tomaba cincuenta tazas de café por día como estímulo para su prolífica producción literaria. Acaso inspirado por Voltaire (ochenta tazas por día) o por Goethe(sesenta tazas), Balzac se convenció de que la sobredosis de café le provocaría una muerte precoz y, en un ejercicio de purgación masoquista, se obligó a masticar granos tostados y, con el pensamiento nublado por la penosa penitencia, escribió un delicioso brulote contra las infusiones, Tratado de los excitantes modernos: si es cierto que la verdadera fuerza del hombre se encuentra entre los dos excesos vitales, el intelectual o el sensual, para muchos pensadores el café fue el combustible mental que les permitió moderar la hybris y encauzar la libido. “El café produce una suerte de excitación nerviosa semejante al enojo: alzamos la voz; nuestros gestos expresan una impaciencia enfermiza; queremos que todo fluya como fluyen las ideas”, se maravilló Balzac antes de entregarse a la abstinencia estricta. Mientras la cafeína siga siendo la sustancia farmacológica más consumida del planeta, el “oro negro” será una pócima mágica que permite entender el mundo.
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Nicolás Artusi

Es periodista y sommelier de café. Trabaja en radio, prensa gráfica, televisión y online. Escribe libros largos y artículos cortos. Fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.