L

Las películas se mudan de las salas a los hogares

Otro clavo en el ataúd del cine: con humor negro, así definió Woody Allen el año que vivimos en peligro. Esta misma columna se preguntó hace cuatro temporadas cuánto tiempo le queda al cine como espectáculo masivo. “Alguna vez epicentro del arte moderno, el cine comparte un destino fatal con la literatura: las películas o las novelas ya no reflejan los temas de su tiempo”, se dijo. Entonces, la inquietud era la fatigosa repetición de cada película de superhéroes y archivillanos (“otra estridente, carísima y desesperada cosita que revolotea ruidosa y ansiosa en el trasfondo de tu vida digital, esperando que pueda distraerte un rato de Twitter o Snapchat o Spotify”, escribió la revista Wired) y la lenta, pero inexorable, extinción del cineasta como autor. Con el inédito confinamiento de casi la tercera parte de la humanidad en sus casas, unos dos mil millones de personas estuvimos invitados a pagar una entrada para ver un gran estreno… en el televisor.

 

Los fatalistas anuncian la muerte de la sala que conocimos y su reemplazo por hábitos antiguos, como el autocine, o modernos: el streaming.

 

¿Qué perdemos cuando vemos una película por internet en lugar de ir al cine? La imagen de una sala alemana, con las butacas bien separadas unas de otras, es una postal de la nueva normalidad y propone una reversión de costumbres: con tanto espacio libre, el cine se parecerá al living aun cuando antes se haya buscado lo contrario (el home cinema era la promesa inversa: un living que pareciera un cine). Los pronósticos fatalistas anuncian la muerte de la sala que conocimos y su reemplazo por hábitos antiguos, como el autocine, o modernos: el streaming. “Los profetas de inclinaciones sombrías creen que la historia se está curvando en esta dirección”, escribió el crítico Anthony Lane en la revista The New Yorker: “Que las salas están destinadas a caer en desuso, con fardos rodando por los pasillos, y que el futuro del cine estará online, donde el nuevo Spielberg o el nuevo Bong Joon-ho deberán sostener lo propio contra escenas eliminadas de Friends o videos de gatos que usan sombrero”. La pandemia aceleró aquello que se veía venir: la majestad de la pantalla grande, el sonido envolvente y la oscuridad compartida con desconocidos (en definitiva, el cine como experiencia estética, extática y colectiva) serán un recuerdo del pasado. 

 

Pensada para los cines, Trolls 2: gira mundial fue la primera película que resignó las salas y se estrenó directamente en hogares. Ni siquiera la posibilidad de pausarla infinitas veces o de mirarla comiendo lo que uno quiera, y no solo el pochoclo del candy bar, la salvó del fracaso: recuperó dos millones de los noventa que costó. Como diría un viejo director, un clavo.

 

Publicado en La Nación

CategoriesSin categoría
Nicolás Artusi
Nicolás Artusi

Es periodista y sommelier de café. Trabaja en radio, prensa gráfica, televisión y online. Escribe libros largos y artículos cortos. Fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.