
Mientras el Gobierno de la Ciudad tambalea por un caso de espionaje político que parece un borrador descartado de la peor novela de Graham Greene, el contribuyente paranoico sospecha que escuchan lo que dice en el bar de la esquina. El Gobierno se metió hasta en los sobrecitos de azúcar (“común, tipo A, peso neto 8 g.) y, si es improbable que esconda un micrófono oculto, el mensaje sí deja la duda. ¿Salí seguro? ¿Quiere decir que esta noche no me van a afanar o que esta noche seguro salgo?





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