
El adicto no sabe de posibilidades o abstinencias: sólo conoce urgencias. Sin una cafetera a mano, ¿cómo resolver la imperiosa necesidad de un shock de cafeína? La mercadotecnia ofrece una salida para el fanático: cafeína en spray. En un pulverizador como de perfume, el producto se llama Sprayable Energy y promete dar un subidón de energía porque al rociar la piel pega más fuerte que al beberlo. De ahí su promesa de “inyección energética”. Todavía en etapa de start up, busca inversionistas ángeles para ser producido en serie y ocupar góndolas en kioscos, farmacias y supemercados, donde se venderá a 10 euros el tubito.







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