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Cirque du Soleil: no corren, ¡vuelan!

coffee-break-webEn una coreo infernal, las chinitas revolean los diábolos y, en la ausencia de falla y la precisión de la sincronía, el desconfiado relativiza: “Bah, no debe ser tan difícil” (¡!). La desgracia del cinéfilo es que tiene agotada la capacidad de sorpresa (después de El tigre y el dragón o Matrix, no lo conmueve ver a un hombre que vuela, aun en la ausencia de truca): con tanta voltereta, el Cirque du Soleil convoca en su show Quidam a las audiencias globales porque pone en escena los ideales más trillados del futurismo: los cuerpos asexuados, los movimientos precisos al milímetro como sólo los podría ejecutar una máquina-humana, los trajes que representan el arquetipo futurista (el viejo Woody Allen ya los consagró como cliché de la modernidad: hombres-espermatozoide en Todo lo que Ud. siempre quiso saber sobre sexo… o robot-mayordomo en El dormilón), fuerza, energía, velocidad, en suma: deshumanización. Con pompa y circunstancia, explota los ideales más populistas de un futurismo simplón y eso se delata en la promoción show-off: desde las noticias de que los artistas viven en una armónica comunidad filosocialista donde la trapecista estrella goza de tantos derechos y obligaciones como el carpintero aspirante, hasta la ilusión de multiculturalismo: un mundo ideal donde conviven en escena las etnias, disimulados los rastros nacionales y amordazados los idiomas, unidos en un esperanto circense.
 
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Publicado hoy en Clarín

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Nicolás Artusi
Nicolás Artusi

Es periodista y sommelier de café. Trabaja en radio, prensa gráfica, televisión y online. Escribe libros largos y artículos cortos. Fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.