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El exterminio de la cultura

“Ni la economía ni la cultura, ni las ciencias ni las artes quedan intactas”. En 1933, Joseph Goebbels, el ministro de Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich, decía que las revoluciones nunca se circunscriben a lo estrictamente político: afectan todas las funciones de la existencia humana. Los nazis prohibieron el teatro expresionista y el jazz, cerraron los cabarets, sacaron las obras vanguardistas de los museos, censuraron las películas que consideraron contrarias al “espíritu germánico” y la lista de barbaridades se analiza en La cultura en la Alemania nazi, un ensayo del historiador alemán Michael H. Kater, recién publicado acá. Es el primer estudio integral sobre la tragedia de la cultura bajo la dictadura de Hitler y un trabajo fundamental para esta época en la que los regímenes autoritarios en ascenso promueven una “batalla cultural”.

 

El ensayo La cultura en la Alemania nazi es el primer estudio integral sobre la tragedia de la cultura bajo la dictadura de Hitler.

 

Al principio, una pregunta: “¿La cultura es siquiera posible bajo una dictadura?”, plantea Kater y él mismo responde: “Si el poder estético, formal y ético de la cultura obtiene su fuerza de la contradicción de las normas sociales y políticas importantes e, incluso, de la exposición de tensiones no resueltas, siempre languidecerá bajo una tiranía”. En su ambición de dominio, primero de Europa y después del mundo entero, el nazismo tenía la misión de liquidar las expresiones culturales anteriores. Si el sello estético de la República de Weimar era el modernismo, por ahí empezaron las purgas: nomás asumir, los nazis desmantelaron la Escuela Bauhaus, que había revolucionado la arquitectura y el diseño (su visión vanguardista y cosmopolita era opuesta al clasicismo nacionalista nazi), descolgaron los cuadros de Klee y Kandinski, prohibieron las películas del expresionismo alemán… No hay tarea menor para el tirano en su afán de control: se cuenta que el mismísimo Hitler revisaba los noticieros del cine.

 

Y después de la persecuta llegó el reemplazo. En La cultura en la Alemania nazi, Kater documenta lo que siguió una vez que el nazismo se instaló en el poder: la música, el cine, la radio, la prensa, las artes visuales, el teatro, la arquitectura y la literatura respondían a la propaganda oficial. Ya en su primer año de gobierno, Goebbels supervisaba en persona las seis cámaras que dictaban los contenidos según los lineamientos del Reich. La nostalgia por un pasado mítico alentaba la simpleza y el melodrama del arte figurativo y reaccionario: el suelo patrio y el trabajo manual se imponían como los valores máximos en novelas, canciones o películas que exaltaban el triunfo de la voluntad de los atletas olímpicos o la entrega abnegada de los soldados arios. 

 

En su registro de lo que pasó hace noventa años, el libro es rabiosamente actual. “Hay cuestiones y situaciones problemáticas y conflictivas que podrían parecerse a algunas de la actualidad, momento en que la política mundial parece avanzar una vez más hacia el autoritarismo en un clima político en el que con demasiada frecuencia ocurren violaciones de aquello que siempre debería ser autónomo e inmancillable”, concluye Kater: “La cultura en todas sus manifestaciones”. El absurdo y la violencia de la censura y la propaganda resumen la paradoja: la batalla cultural es imposible porque el acto mismo de dar batalla genera el exterminio de la cultura.

 

Publicado en La Nación

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Nicolás Artusi

Es periodista y sommelier de café. Trabaja en radio, prensa gráfica, televisión y online. Escribe libros largos y artículos cortos. Fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.