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Tributo a la medialuna de manteca

Fanático de las latas de sopa o de las cajas de jabón en polvo, Andy Warhol también hizo de la taza un fetiche de arte pop. No de cualquier cafetería, claro. En un viaje a Viena, se llevó de souvenir un pocillo del lugar donde príncipes, espías, poetas, artistas, malandras y miles de anónimos desayunan desde hace siete décadas: el café Hawelka. Y si el verano nos trajo la noticia triste de la muerte de su fundador, el emérito Leopold que a los cien años seguía acodado en la barra, al menos quedará el consuelo de una obra perdurable: en una ciudad con más de 1.900 cafeterías, Hawelka es un mito moderno de sillas Thonet y mesas cascadas que vieron pasar infinitas raciones del café como se sirve allá: espresso fuerte, y acompañado por dos terrones de azúcar y un vaso de agua sobre una bandeja de acero inoxidable, casi de asepsia hospitalaria.
medialunaEl año pasado, los bares de Viena fueron declarados Patrimonio de la Humanidad y, entre la militancia cafetera, se impuso el júbilo que sólo trae la justicia atrasada. Era hora. Aunque existen desde las épocas remotas del Imperio Otomano, las cafeterías vivieron sus tiempos gloriosos a fines del siglo XIX, con las lealtades bien definidas: Sigmund Freud merendaba en el Café Landtmann mientras que el Central funcionaba como base de operaciones de León Trotsky. Pero aunque hayan aportado el combustible intelectual para el psicoanálisis o el bolchevismo revolucionario, las cafeterías vienesas le dejaron al hombre común un legado inmortal: el desayuno tal como lo conocemos.
A fines del 1600, y para celebrar la victoria de la Resistencia austríaca frente a la invasión del Kara Mustafá, en la cafetería La botella azul decidieron suavizar el café a la turca, que se les hacía intragable a los europeos, y le agregaron leche (ya por entonces se acusaba a los poetas malditos de quedarse todo el día en el bar “por un café y diez vasitos de agua”). Pero el hallazgo vendría de las manos hábiles y la imaginación pícara de un maestro pastelero: como colación para la mañana, y en homenaje paródico a los turcos en retirada, el invento sublime. Larga vida para la medialuna de manteca, entonces y ahora, aquí y allá, el desayuno de medio mundo.
Publicado hoy en Clarín

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Nicolás Artusi
Nicolás Artusi

Es periodista y sommelier de café. Trabaja en radio, prensa gráfica, televisión y online. Escribe libros largos y artículos cortos. Fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.