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Al final, la revolución no será ilustrada

En la mesa de un café, dos intelectuales conversan. “Se puede vivir perfectamente bien sin entender nada de estructuralismo… ¡eres la prueba viviente!”, dice ella. “Sí, ¡pero uno se luce menos en las tertulias!”, responde él. Son las preocupaciones de Los frustrados, el maravilloso libro de historietas de la autora francesa Claire Bretécher que acaba de reeditarse acá. La tira se publicó entre 1973 y 1981 en la revista parisina Le Nouvel Observateur y resumió los dilemas de aquellos desencantados del Mayo Francés, los intelectuales de izquierda que corrían a ver las últimas películas de Ingmar Bergman o Woody Allen, las mujeres emancipadas, los hombres declinantes, los pacientes sobreanalizados, en fin: una generación que hizo del psicoanálisis su religión y del progresismo, un acto de fe. 

 

En Los frustrados, viñetas del tiempo en que los intelectuales de izquierda concentraban buena parte del discurso público.

 

Del diván al café: en 1979, Roland Barthes dijo que Bretécher era “la mejor socióloga del año” en Francia, un país lleno de sociólogos (ella respondió: “En realidad, siempre tuve la impresión de que dibujaba historietas”). En sus viñetas, la izquierda exquisita pasa por la picadora de una feminista pionera y observadora lúcida. “Ella misma, una mujer que sus colegas hombres calificaban como hermosa, se desentiende del papel de musa de otros para mirar, enunciar, jugar y pensar a la par de los hombres, sin renunciar a su mirada y conocimiento del mundo femenino, que es el mundo de todos, por supuesto, tanto como el de los hombres”, escribe la ilustradora argentina Isol en el prólogo de esta edición de tapas duras. El regreso de Los frustrados es la polaroid de una época en que los intelectuales de izquierda concentraban una parte importante del discurso público allá o acá, en “la París de Sudamérica”.

Las historietas de Bretécher se publicaron en la revista Humor a principios de los ochenta y si las viñetas siempre delimitaron un territorio masculino, ella sirvió de inspiración para las grandes dibujantes argentinas, como Maitena o Lunik. La inmersión en Los frustrados es un lamento generacional y un viaje a otros tiempos, no tan lejanos en años pero radicalmente opuestos a estos en los que se demoniza a los “zurdos de mierda” (las palabras no son mías). Ahora, cuando el progresismo parece haberse convertido en un insulto, leer a Bretécher tiene otra resonancia: las taras de los bo-bos, como se llamó a los burgueses bohemios, son más entrañables que peligrosas. En sus dibujos, aun con las preocupaciones cínicas y la devoción por Lacan o Foucault, se lee (¡se escucha casi!) el runrún de los sesenta y los setenta. “Ser testigo de este tipo de conversación cara a cara, con ciertos valores en común, que ahora en este tiempo de derechas y depreciación de la cultura se desdibuja, es delicioso, reconfortante y divertido”, concluye Isol. Al final, la revolución no será ilustrada.

“Paso mi tiempo mirando a la gente, sus caras, sus miradas”, decía Bretécher, una maestra en el arte de registrar la condición humana a través de la observación y su réplica, el dibujo. ¿Qué vería ahora? Frustración, sin dudas. Y acaso una falta de fe. La última viñeta de Los frustrados resume un refrán y un credo: si es cierto que “el que no conoce a Dios a cualquier santo le reza”, el hombre y la mujer se arrodillan frente a la cama y antes de dormir dedican una plegaria a Freud, su salvador.

 

Publicado en La Nación

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Nicolás Artusi

Es periodista y sommelier de café. Trabaja en radio, prensa gráfica, televisión y online. Escribe libros largos y artículos cortos. Fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.