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La voz del interior

Estos maestros de meditación no vienen de un lejano monasterio del Himalaya ni tampoco acumulan años de experiencia en un ashram indio o un dōjō japonés. Tienen entre cinco y diez años de edad. La visita a una escuela primaria donde enseñan a meditar es una de las tantas revelaciones del ilustrador francés Joël Callède: en Algunos pasos hacia el infinito, su novela gráfica recién publicada acá, usa los recursos de la historieta documental para descubrir las formas diversas de practicar la meditación en zapatillas. Entre las tapas blandas del libro, una combinación hermosa de paneles, viñetas, cartuchos y globos en colores suaves devela el viaje de descubrimiento del autor y confirma la máxima meditativa: “La verdadera felicidad está en el interior”.

 

La novela gráfica Algunos pasos hacia el infinito usa los recursos de la historieta documental para descubrir las formas de practicar la meditación.

 

A los 52, Callède es un historietista famoso que vive en un pueblo rural del sur francés y que practica la meditación desde hace quince años. La primera viñeta lo muestra bloqueado frente a su tablero de dibujo en un estudio atiborrado de papeles. Él mismo se ilustra como el personaje central de su obra y recorre escuelas, cárceles, hospitales o empresas donde se practica la meditación laica o como le dicen ahora, mindfulness: conciencia plena. Sin el tono edificante del librito de autoayuda, el cómic desmiente el solipsismo que se le atribuye al que cierra los ojos para enfocarse en sí mismo: “Meditar no es encerrarse en una burbuja”, escribe Callède: “Es más bien lo contrario. Es abrirse cada vez más profundamente”.

 

Yo confieso: medité durante algunos años. Esos minutos diarios de respiración consciente, solo o en grupo, marcan una pausa en el flujo continuo de estímulos de esta época (soy de los que opinan lo mismo que la canción famosa: “El ritmo de la vida me parece mal”). Si el brulote ubica al meditador en un bosque o un templo, Callède se dibuja a sí mismo sentado en las escaleras de un edificio del centro de París con los ojos cerrados junto a la multitud de oficinistas… meditando. “La persona que medita no busca ser eficiente”, piensa: “No tiene ningún objetivo que alcanzar. Nada que controlar. Nada que poseer. Sólo ser”. Y considera que la meditación es un estorbo en el engranaje fabril-febril. Parece fácil de pensar en un país rico como Francia, pero… ¿de qué manera puede abstraerse de la realidad un laburante que apenas araña la canasta básica? “No nos engañemos, el mindfulness está presente más bien en círculos acomodados”, reconoce uno de los personajes de Algunos pasos hacia el infinito: “Yo trabajo para que no sea monopolizado por una élite. Es una batalla fundamental. Afortunadamente, todo esto está evolucionando”. La meditación puede ayudar a una persona a redescubrir su verdadero valor, algo que el sistema le niega, aunque sea por un rato.

 

A simple vista, la cabeza rapada, con o sin cresta, es lo único en común entre un punk y un monje. Sin embargo, la meditación tiene una dimensión contracultural. “En el movimiento punk original, había que quebrar las reglas y alejarse del conformismo para vivir plenamente”, concluye la historieta: “Al meditar, nos reapropiamos de nuestra atención. Esto es en sí mismo un acto radical en el que los medios de comunicación, las redes sociales y los publicistas intentan monopolizarla”. Sólo hay que cerrar los ojos y concentrarse en la respiración: hacelo vos mismo, omm. 

 

Publicado en La Nación

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Nicolás Artusi

Es periodista y sommelier de café. Trabaja en radio, prensa gráfica, televisión y online. Escribe libros largos y artículos cortos. Fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.