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Los años no vienen solos: traen felicidad

“Una buena vejez comienza en la juventud”, dice la máxima y ofrece una conclusión indiscutible: los años no vuelven felices a los jóvenes desgraciados. Si una gran novedad editorial de estos días es un librito titulado El arte de envejecer, ¿quién diría usted que lo escribió? ¿Un gurú de autoayuda, un especialista en neurociencias o una actriz que hace gimnasia por televisión? Negativo. Lo escribió Cicerón, el gran político y filósofo latino… hace dos mil años. Lleno de sabiduría atemporal, este ensayo, que en su edición original se llamó Sobre la vejez, aborda la zoncera de temer lo inevitable y confirma que en todas las épocas los humanos tuvimos preocupaciones parecidas, aunque sean exageradas o erradas, pero el mundo actual, enfermizamente obsesionado con la juventud, necesita más que nunca la orientación de un pensador milenario. 

 

Un texto clásico sobre la segunda mitad de la vida: lo escribió Cicerón… hace dos mil años.

 

“Nietzsche tiene el concepto de ‘lo intempestivo’ que también puede ser traducido como inactual o extemporáneo: eso es la filosofía, que no se adapta a los tiempos pero tampoco pasa de moda”, me dice el filósofo popular Darío Sztajnszrajber en una charla de café: “Podés leer un texto de Cicerón, que fue escrito en otro contexto material, y despojarlo de su materialidad y es como tirarte el I Ching: te transforma en la medida en que dejes que una metáfora pueda transformarte”. En un diálogo imaginario entre Catón el Viejo y sus jóvenes amigos Lelio y Escipión, Cicerón se empeña en demostrar que la vejez puede ser la mejor etapa para aquel que se proponga vivir con sabiduría y sus argumentos son tan convincentes que el mismísimo Montaigne, quinientos años después, reconoció que este libro le despierta a uno las ganas de ser viejo. “Leer a Cicerón es fascinante porque te corre de la idea contemporánea de la vejez”, dice Darío: “En una sociedad mercantilizada, la vejez se asocia con la improductividad. A mí no me parece mal eso; lo que me parece mal es pensar que lo improductivo es negativo. Tenemos que reconciliarnos con la idea de que lo improductivo, porque somos humanos y no máquinas, también hace a la existencia”.

 

¿Puede la segunda mitad de la vida ser la que más se disfrute? Sí, en tanto uno esté dispuesto a encontrar en la lectura o la jardinería placeres mayores que en el sexo o la lucha, por ejemplo. Con una serie de argumentos irrebatibles, Cicerón discute con la posteridad porque reniega de la obsesión actual con la juventud eterna y rebate un dicho que, entre los achaques del reuma o la presbicia, repetían los mayores de mi familia: todos quieren llegar a viejos pero nadie quiere serlo.

 

Publicado en La Nación

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Nicolás Artusi
Nicolás Artusi

Es periodista y sommelier de café. Trabaja en radio, prensa gráfica, televisión y online. Escribe libros largos y artículos cortos. Fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.