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Pasado de copas desde hace miles de años

Antes de tomar una decisión importante, los antiguos persas discutían el asunto dos veces: una sobrios y otra borrachos. Y si coincidían, actuaban. ¡Salud! Los primeros registros comprobados del consumo de vino datan de unos 7.000 años antes de Cristo en China aunque el dibujo de la Venus de Laussel, una imagen tallada sobre una piedra descubierta en Francia que tiene 25.000 años, muestra a una mujer llevándose a la boca lo que podría ser… un cuerno con cerveza. El alcohol y la curda, una consecuencia inevitable derivada de su abuso, son constitutivos de lo humano. Y ésa es la tesis principal del libro Una breve historia de la borrachera, del escritor inglés Mark Forsyth, un ensayo de antropología popular que indaga en los métodos de cada civilización para estimular (o controlar y castigar) el impulso de embriagarse porque en cada época la borrachera es diferente.

El alcohol es un lubricante social: aunque puede mandarnos a la cama, a la misa o a la batalla, es una expresión cultural que estimula los vínculos.

 

“Los humanos bebemos socialmente”, escribe Forsyth: “Ofrecemos alcohol a nuestro grupo”. Esto es lo que distingue a esta raza de las otras: hay monos o musarañas que toman bebidas fermentadas pero ninguna otra especie más que la humana convierte eso en un ritual colectivo. ¿Qué tienen en común los antiguos vikingos que encontraban en la hidromiel la fuente de la poesía con los pibes argentinos que en la previa o el boliche apuran un fernet para darse valor en el levante? El alcohol es un lubricante social: aunque puede mandarnos a la cama, a la misa o a la batalla, es una expresión cultural que estimula los vínculos. “La borrachera es casi universal”, dice Forsyth: “Casi todas las culturas del mundo tienen su bebida alcohólica. Los únicos que no eran tan entusiastas, Norteamérica y Australia, fueron colonizados por otros que sí”. Pero en cada lugar la borrachera tiene un uso y una costumbre distintos: los chamanes prehistóricos bebían para comunicarse con los espíritus ancestrales y los próceres estadounidenses se entonaban para prepararse ante la tarea de fundar un país (se sabe que Benjamin Franklin dijo que la existencia del vino “es una prueba de que Dios nos ama y ama vernos felices”).

Para el brindis, Forsyth nos pregunta por qué nos habría parecido raro que a Margaret Thatcher la hubieran enterrado con su colección de botellas de vino (podría haber sido pero no sucedió). A los líderes de todos los tiempos los enviaron al más allá con un arsenal para montar una fiesta post-mortem, desde los faraones egipcios hasta los emperadores chinos, lo que demuestra que el alcohol y la borrachera, esa eterna anarquista de la conducta, son eternos y universales. Chin chin. 

Publicado en La Nación

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Nicolás Artusi
Nicolás Artusi

Es periodista y sommelier de café. Trabaja en radio, prensa gráfica, televisión y online. Escribe libros largos y artículos cortos. Fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.