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A palabras necias, odios sordos

“Odio la sopa”, dice Mafalda. “Odio a los inmigrantes”, dice un presidente. No es lo mismo, ¿no? Aunque ambos sentimientos compartan el nombre hay muchos tipos de odio, el patito feo de las emociones, un sentimiento que hordas de curas, psicólogos y coaches motivacionales intentaron eliminar de la faz de la tierra, empresa condenada al fracaso porque el odio es inherente al ser humano. A la más incomprendida de las pulsiones está dedicado El libro del odio, una maravillosa publicación satírica de tapas duras que indaga en la naturaleza histórica, religiosa, política y psicológica del odio y que pinta esta época en que la conversación colectiva está dominada por los haters, ni más ni menos: odiadores.

 

Un libro ilustrado sobre el patito feo de las emociones: el odio, que existe desde que el hombre es hombre.

 

“El odio siempre encuentra una salida, ya sea votando a Trump, probando misiles balísticos en el mar del Japón o creando una cuenta de Twitter”, escribe el autor español Fermín Zabalegui, quien se asume como “hater a tiempo parcial”. Su obra no es un libro de lectura sino una gozosa experiencia visual y si una crónica de la humanidad podría titularse Una historia de odio, eso es porque a lo largo del tiempo desarrollamos una creatividad infinita para desear el mal. “El odio más primario nace de la aversión hacia lo que no comprendemos, ya sea una cucaracha o un disco nuevo de U2”, dice Zabalegui y unas páginas más adelante el ilustrador Luis Mazón deslumbra con un retrato de Liam y Noel Gallagher, dos hermanos que se odian. Según los autores, la primera manifestación del odio se dio hace 30.000 años, cuando el Homo sapiens eliminó al último Neanderthal y culminó su limpieza étnica. Pero ahora vivimos inmersos en una cultura del odio: el hater, ese odiador serial y generalmente anónimo que desparrama su bilis en las redes sociales, construye un diálogo de rabia, ira y cólera. Rebosante de cinismo, El libro del odio enseña al odiador principiante a pulir sus habilidades porque aunque todos odiemos nunca es tarde para aprender a hacerlo bien: “Si te ves acorralado en una conversación, utiliza siempre el arma del respeto y luego ya puedes decir las burradas que te plazcan. ¡Así de fácil!”.

 

El escritor Haruki Murakami, los crocs, las películas de Michael Bay, el sistema operativo Windows, la gente que aplaude cuando aterriza el avión o la mismísima Navidad: todos son víctimas del odio porque este sentimiento tan profundo y natural es la aversión hacia algo o alguien cuyo mal se desea. Lo opuesto del amor, en definitiva. Y como tenemos capacidades ilimitadas de odio, que las palabras de Zabalegui sirvan como indulgencia: “Si he olvidado odiar a alguien, le pido disculpas”.

 

Publicado en La Nación

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Nicolás Artusi
Nicolás Artusi

Es periodista y sommelier de café. Trabaja en radio, prensa gráfica, televisión y online. Escribe libros largos y artículos cortos. Fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.