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El oficio más viejo en primerísimo primer plano

La charla empieza con el tono ligero de cualquier conversación trivial, una en la que dos hombres extraños se preguntan si el otro prefiere el champagne o la cerveza. Pero cuando el más joven diga que elige “una Beck’s porque rima con sex”, el clima se pondrá cachondo. “¿Cuánto me pagás si tenemos sexo? 300 euros es muy poco”, arriesga el joven (sin intenciones de espoilear, van a terminar arreglando en 500): así recuerda Florin uno de sus primeros rebusques. El oficio de los trabajadores sexuales es el tema de Blue Boy, el sensacional cortometraje documental que se puede ver este mes en Mubi: dirigido por el argentino Manuel Abramovich y ganador del Oso de Plata en el Festival de Berlín, es una mirada íntima sobre el oficio más viejo del mundo en primerísimo primer plano.

 

Una mirada íntima a los trabajadores sexuales: el documental “Blue Boy” lleva el monólogo interior a la pantalla del cine.

 

El bar Blue Boy de Berlín es un antro de levante que está abierto las 24 horas. Allí, jóvenes inmigrantes se sientan y miran a cámara. Estáticos ante la lente, escuchan la grabación previa de sus propias palabras con las que explican su oficio: algunos contienen la risa, otros reprimen las lágrimas. En un rejunte lúbrico se mezclan los dilemas religiosos, los problemas con la policía o los tironeos por la tarifa: todo en menos de veinte minutos, tal vez lo que dura un servicio. No hay narrador en off ni imágenes de archivo ni testimonios a cámara: solo los rostros quietos de Florin, Razvan, Stefan, Mihail, Marius, Rafael y Roberto mientras escuchan (y también escuchamos) lo que contaron un rato antes. Este ejercicio especular genera la inquietud de descubrirnos observados mientras observamos: nosotros los miramos y ellos nos miran. En un acto casi telepático a través del vidrio de la pantalla oímos las voces y vemos las caras mudas de los siete taxi boys que dejaron sus países para lograr el gran sueño alemán y así el documental logra en el cine lo que la literatura consiguió con el monólogo interior o el flujo de conciencia: un soliloquio del discurso mental de los personajes. Para el voyeur será un hallazgo: si el fisgón típico se excita al espiar el cuerpo del otro, acá lo que se develan son sus pensamientos.

 

¿O acaso no dicen que el órgano más erógeno es la cabeza? Las relaciones de poder se desnudan mientras los chaperos reviven algunas anécdotas estrambóticas o se emocionan al recordar al cliente del que podrían haberse enamorado.desta Ahí donde la relación íntima cotiza en euros, la transacción es inevitable. En Blue Boy, trabajadores y clientes luchan por el control mientras protagonistas y espectadores cambian de posición: como a veces sucede en el sexo, los roles son intercambiables.

 

Publicado en La Nación

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Nicolás Artusi
Nicolás Artusi

Es periodista y sommelier de café. Trabaja en radio, prensa gráfica, televisión y online. Escribe libros largos y artículos cortos. Fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.